La participación incidente en la educación que todos queremos
Las políticas educativas, y en general las políticas públicas, son frecuentemente construidas por partes expertas, representadas en la academia, consultores locales o internacionales y tomadores de decisiones técnicas. Acudir a este tipo de especialistas para encontrar soluciones técnicas a problemas complejos, pareciera el camino responsable a la hora de invertir los recursos públicos en una apuesta de mejora de una situación social que se quiera atender. Sin embargo, es común que los ciudadanos y los actores directamente implicados en dichas transformaciones no sean consultados o tenidos en cuenta. Esta situación configura una grave omisión a la hora de pensar en transformaciones integrales que requieren de un liderazgo sistémico que termine promoviendo un liderazgo colectivo entre las comunidades involucradas. La movilización de dichas comunidades es indispensable parar alcanzar cualquier cambio sostenible en un sistema tan complejo como lo es el educativo.
En respuesta a lo anterior, la Misión de Educadores y Sabiduría Ciudadana partió de la premisa que para lograr transformaciones en la educación de Bogotá era indispensable contar con la participación incidente de diferentes grupos de ciudadanos, organizaciones sociales, entidades estatales y solidarias, y en general de todos los sectores y actores de la ciudad, y por supuesto los educadores. Por esto la Misión incluyó un plan de participación sin precedentes en donde se convocó la participación amplia de la comunidad educativa extendida y la ciudadanía en general. A través de esta estrategia, la Misión logró aprender de forma colectiva y de la mano de los principales ejecutores y beneficiarios, lecciones fundamentales a la hora de proponer una reforma educativa.
El plan de participación incluyó tres grandes estrategias de consulta a la ciudadanía y a la comunidad educativa: i) la consulta denominada “Un Millón de Ideas por la Educación de Bogotá”, cuyas preguntas fueron dirigidas a estudiantes, docentes, expertos educativos, padres, madres, cuidadores y en general a toda la ciudadanía; ii) la consulta a las mesas estamentales de participación del nivel distrital y a la comunidad educativa ampliada, a través del impulso de espacios de diálogo sobre la educación de la ciudad, sus problemáticas y las recomendaciones para que sea de calidad; y, iii) La Misión de Educadores y Sabiduría Ciudadana, en coordinación con el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (IDEP), logró identificar y seleccionar experiencias pedagógicas significativas que fueron socializadas y discutidas como parte del trabajo desarrollado en cada uno de los ejes temáticos de la Misión.
A continuación, presento las diez principales lecciones que recibe la Misión del proceso de participación ciudadana, insumos fundamentales para la definición de una ruta de política pública en la educación de para Bogotá.
La ciudadanía, en especial las familias y estudiantes de Bogotá esperan:
- Una educación durante toda la vida equitativa, inclusiva y de calidad, gratuita y asequible para todos y todas las personas, independientemente de sus condiciones socioeconómicas.
- La primera infancia y la juventud debe ser una prioridad para Bogotá. Los niños y las niñas deben tener educación inicial de calidad desde la infancia, pertinente y oportuna y los jóvenes deben poder acceder a la educación superior.
- Todos los y las niñas de Bogotá reclaman más y mejor infraestructura, quieren estudiar en colegios amplios, bonitos, con zonas verdes, huertas y poder tener contacto con la naturaleza.
- Los estudiantes sienten la necesidad urgente de aprender otros idiomas en ambientes bilingües, así como desarrollar habilidades para la vida, el emprendimiento y hacer uso y apropiación de las tecnologías. Además, piden que la educación ambiental haga parte de la educación del futuro y que prevalezca el desarrollo del pensamiento crítico y el pensamiento lógico.
- La educación debe enfatizar el desarrollo de habilidades socioemocionales, así como la formación en valores, ética y competencias ciudadanas. Se debe promover el aprendizaje de habilidades que fomenten en los estudiantes su bienestar social, emocional y laboral, para afrontar la vida cotidiana, tales como las habilidades sociales y blandas, la comunicación asertiva, el liderazgo y escucha, y la inteligencia emocional; y generar mayores espacios para su participación.
- Las familias encuentran indispensable que los jóvenes trabajen desde el colegio en su proyecto de vida personal, familiar, académico y laboral. Para esto la educación debe motivar a los estudiantes y ser más innovadora, acorde a las necesidades e intereses individuales, locales, del país y el mundo. Los jóvenes reclaman más atención en el aprendizaje de herramientas para los desafíos de la vida real, habilidades para la vida familiar, para el trabajo, para mejorar nuestros ingresos y apoyar nuestras comunidades.
- Se espera una educación más contextualizada, didáctica, práctica, personalizada, inclusiva e interdisciplinar, que permita acceder al conocimiento a través de proyectos, y con un claro enfoque diferencial, con programas diferenciados para atender poblaciones con dificultades de acceso. Esto se debería reflejar en una transformación de las metodologías y la evaluación en la educación.
- Se necesita avanzar en políticas y estrategias diferenciadas para el ingreso a la educación superior, especialmente de los jóvenes con discapacidad cognitiva y quienes pertenecen a las familias con menores recursos. Todos los egresados de los colegios del Distrito deben tener la posibilidad de continuar su educación posmedia. Además, se espera mayor articulación con el sistema productivo y lograr para los egresados más oportunidades laborales, fomentar el desarrollo de habilidades empresariales, de emprendimiento e innovación.
- Los padres y madres de familia quieren involucrarse más en los procesos educativos de los niños. Resaltan la importancia de invertir esfuerzos en atención de salud física y emocional con sus comunidades, capacitándolos en técnicas y buenas prácticas que promuevan el desarrollo físico, cognitivo y emocional de toda la comunidad educativa.
- El sector educativo debe sobresalir por la gestión eficiente y transparente de los recursos, en donde se prioricen valores como el respeto, la responsabilidad y la honestidad; teniendo un manejo adecuado y justo, que incentive la participación colectiva en la toma de decisiones.
Adicionalmente, los grupos focales con la comunidad educativa, realizados a través de la Ruta de Participación, expresaron la preocupación de los educadores por el presupuesto para infraestructura y la mejora de las condiciones laborales, personales y profesionales de los docentes vinculados al sector público y privado, urbanos, rurales y provisionales.
Los principales retos identificados en infraestructura incluyen garantizar gradualmente la conectividad como derecho universal y dispositivos tecnológicos en zonas de difícil acceso, especialmente en la ruralidad; ampliar; dotar y actualizar las bibliotecas tanto físicas como digitales, para la inclusión de las personas con discapacidad y crear laboratorios para realizar prácticas básicas con niñas y niños; adecuar baños, espacios de juegos, canchas y salones para la inclusión de todas las personas y para el desarrollo de la actividad física de estudiantes adultos mayores en la jornada nocturna; proveer las herramientas necesarias para garantizar la educación a las poblaciones rurales y garantizar la construcción de colegios y sus equipamientos en la medida en que se construyen más proyectos residenciales en la ciudad.
También insistieron en la importancia de mejorar los procesos de selección y contratación de docentes y directivos, garantizar las condiciones de los servicios de salud y movilidad para docentes del sector rural facilitando su desplazamiento entre sedes y garantizar la planta docente completa. Frente a la formación docente, los educadores quieren avanzar en sus capacidades para contribuir a la formación integral y garantizar la conformación de equipos interdisciplinarios. Finalmente, los educadores manifiestan la importancia de apoyar los procesos de investigación de los docentes al interior de los colegios y mejorar las condiciones para promover estas prácticas, de forma que se conviertan en elemento fundamental para cualificar y articular las prácticas pedagógicas de manera coherente con los PEI, y en oportunidades de participación en nodos, semilleros o grupos de investigación.
Además de los mensajes que la ciudadanía en general le dejó a la Misión, una conclusión importante que surgió de boca de educadores es la necesidad de actualizar el repertorio público de prácticas docentes y experiencias pedagógicas de la ciudad y nutrirlo con múltiples experiencias que hoy se desarrollan en todos los rincones de Bogotá. Se deben generar mecanismos, incentivos y herramientas para fomentar la implementación de nuevas experiencias innovadoras que respondan a las necesidades de la comunidad educativa e impacten los procesos de aprendizaje de los estudiantes. Además, es muy importante identificar, reconocer y aprender de las experiencias pedagógicas exitosas, documentarlas, replicarlas y expandirlas. Esto debe venir acompañado de espacios en donde los docentes puedan intercambiar y aprender de otras experiencias en distintos contextos de la ciudad.
La posibilidad de avanzar en la creación y puesta en marcha de más estrategias pedagógicas innovadoras está altamente condicionada al decidido apoyo institucional de los directivos de los colegios donde se gestan dichas experiencias. Es necesaria la cooperación entre los docentes y los directivos de las instituciones para garantizar, no solo la implementación sino la sostenibilidad y el impacto de la experiencia sobre la formación integral de los estudiantes y docentes.
En conclusión, haber podido escuchar un amplio y diverso número de expresiones acerca de la educación en Bogotá, le permitió a la Misión entender la realidad educativa que encaran distintos actores del sistema, de forma más abierta y real; seguramente con distancias importantes frente a algunas creencias preestablecidas con las que se podría iniciar una investigación.
Con el despliegue de esta estrategia de participación, la Misión reitera la invitación a la ciudadanía a involucrarse con las decisiones de la ciudad y de su educación. Es muy importante que los bogotanos puedan defender y ayudar a que las instituciones públicas sean más transparentes, responsables, eficaces, y rindan más cuentas. Esto se logra cuando la ciudadanía acompaña los procesos de gestión pública. Trabajaremos fuertemente para que los resultados que se deriven del esfuerzo de la Misión se traduzcan en políticas más efectivas, incluyentes y transformadoras para la ciudad y la educación.