Cecilia Rincón Verdugo
Doctora en Educación de la UNAM de México, ex decana de la Facultad de Educación y Ciencia de la U. Distrital, Directora del IDEP

Escuela-Ciudad –Escuela y el derecho a la ciudad

Miradas a la educación

El programa Escuela-ciudad-escuela realizó una valiosa contribución a la consolidación de un ideario pedagógico centrado en la transformación pedagógica de la escuela y la enseñanza. Es, sin duda, uno de los programas más agradecidos y recordados por maestros, maestras, estudiantes y comunidad.
 

Volver sobre el programa Escuela-ciudad-escuela es recordar el ideario pedagógico del profesor Abel Rodríguez, su compromiso persistente con la transformación pedagógica de la escuela y la enseñanza, el inmenso valor que le otorgó a las expediciones pedagógicas por la ciudad para ampliar el horizonte cultural de maestros y maestras, trabajando y aprendiendo de otros actores e instituciones desde las cuales se produce saber y conocimiento en los diferentes escenarios y haciendo uso de todo el equipamiento y riqueza artística, científica, tecnológica, histórica y en fin de todo el patrimonio cultural que tiene la ciudad.

Escuela- ciudad- escuela fue pensada por el profesor Abel Rodríguez como una respuesta a los límites de la escuela tradicional. En sus palabras: “la mayoría de los estudiantes de los colegios públicos distritales están alejados social, geográfica, económica y culturalmente del potencial educativo representado en las diversas oportunidades de aprendizaje que ofrece la ciudad”. “Las prácticas pedagógicas convencionales, centradas en las clases magistrales o en los libros de texto, se han constituido en un obstáculo para aprovechar el entorno escolar como un escenario con múltiples posibilidades de aprendizaje tanto para docentes como para estudiantes, es decir, para la enseñanza y el aprendizaje”. (Abel Rodríguez, Realización de un ideario pedagógico, Bogotá, 2018, Edit. Magisterio, pag. 196)

La ciudad como escenario educativo.

El propósito central del programa fue asumir la ciudad como una escuela permanente de aprendizaje, fuente de conocimiento, reflexión, socialización y también como entorno cultural, artístico, lúdico y recreativo en el cual los maestros encontraran nuevas formas de realizar su labor pedagógica y de enseñanza.

Bogotá fue convertida en una ciudad educadora, que abrió sus puertas, alteró sus dinámicas y rompió sus rutinas, al recibir la presencia entusiasta de oleadas de estudiantes, desde los de preescolar, hasta los más grandes de 10° y 11°, todos con intereses diversos y provenientes de las diferentes localidades y rincones de la ciudad, con sus risas, sus miradas curiosas y su disposición de conocer y aprehender ocuparon semana a semana calles, parques, museos, teatros, plazoletas, iglesias, centros culturales, alamedas, universidades, centros interactivos de ciencia y tecnología, empresas de servicios, medios de comunicación y escenarios de la ciudad  desde donde profesores y estudiantes concibieron y practicaron otras formas del aprendizaje, del conocimiento y de la enseñanza. 

El programa Escuela-ciudad-escuela hizo suyos cuatro elementos claves de la transformación pedagógica en las instituciones educativas impulsada por el maestro de maestros Abel Rodríguez: a) superar el aislamiento de los colegios con la ciudad, b) transformar las prácticas pedagógicas, las metodologías de enseñanza y los aprendizajes de los estudiantes,  c) ofrecer alternativas de uso del tiempo libre para el conocimiento, la recreación, el ocio y el desarrollo humano, y d) utilizar el potencial educativo de los múltiples escenarios locales y urbanos que brinda la ciudad.

Alcanzar estos propósitos de transformación pedagógica exigió repensar las relaciones escuela-ciudad, asumir la ciudad como un escenario educativo, capaz de potencializar y complementar los aprendizajes y saberes de estudiantes y profesores; invitar y convencer a las instituciones educativas para que posibilitaran la apropiación de la ciudad y el goce de esta por parte de niños, niñas y jóvenes.  Escuela-ciudad-escuela consideró lo educativo como experiencia de adquisición y construcción de conocimientos y lo lúdico como apropiación cultural. Los procesos educativos y lúdicos están estrechamente relacionados y para materializarlos se construyó un tejido social sustentado en las expediciones escolares y movilizaciones de ida y vuelta, donde la escuela va a la ciudad y la ciudad con sus empresas, museos y organizaciones científicas y culturales llegan a las instituciones educativas y aulas de clase, para compartir sus saberes, experiencias y metodologías de trabajo.

Las iniciativas de los colegios y especialmente de los maestros para realizar de la mejor manera las expediciones pedagógicas por la ciudad contaron con dos grandes apoyos: el Navegador Pedagógico de Bogotá y la Catedra de Pedagogía.

El Navegador Pedagógico de Bogotá contiene un conjunto de orientaciones para organizar las expediciones escolares de acuerdo con los currículos de las instituciones educativas. Presenta un directorio con más de 1.300 alternativas de escenarios, con indicaciones de su localización, los puntos de contacto y las “sugerencias y metodológicas y didácticas para trabajar la correlación entre el currículo, los contenidos temáticos y los diferentes saberes y conocimientos que circulan en los escenarios de la ciudad, siempre susceptibles de ser enriquecidos y transformados por el docente, con su experiencia y saber pedagógico, su horizonte cultural y humano” (SED, 2006, p.3) En síntesis, una ruta para aprender en la ciudad, aprender de la ciudad y aprender la ciudad.

La Catedra de Pedagogía fue diseñada para responder a las necesidades formativas de los maestros de Bogotá para afrontar al desafío pedagógico que entrañaba el programa Escuela-Ciudad- Escuela, nuevo para la mayoría de ellos. La Catedra reunió expertos nacionales e internacionales quienes ofrecieron sus reflexiones y experiencias investigativas sobre las relaciones entre la escuela y la ciudad, sus múltiples posibilidades educativas y pedagógicas y las ricas experiencias que sobre el tema se estaban desarrollando en otras ciudades de mundo.

En su libro Realización de un ideario pedagógico, el profesor Abel señala: “la Cátedra de Pedagogía fue concebida como estrategia de formación innovadora, se diseñó de tal manera que en su realización se combinaran diversas modalidades como la conferencia magistral, el seminario, el simposio, el taller, las jornadas pedagógicas, las visitas a los colegios, la tertulia, etc. De esta manera la cátedra desbordó el concepto tradicional de conferencia, aunque esta fuera la modalidad más notable, por la destacada estatura académica de quienes las dictaban y por la congregación de asistentes (hasta 1.500 en cada una). Pero sin lugar a dudas la marca del proyecto fue la participación notable de los maestros y directivos docentes en los talleres, seminarios y jornadas pedagógicas con los conferencistas”. (pag. 204)

El programa Escuela-ciudad-escuela fue una fuente inagotable de experiencias pedagógicas y proyectos de investigación tanto a nivel institucional como de aula, formulados y realizados por los profesores de colegios[1] por investigadores y redes de maestros.

Las expediciones crecieron y trascendieron el nivel local y urbano, llegando a las expediciones Ciudad-Región, en las cuales se cumplió el sueño de estudiantes y maestros al realizar expediciones escolares para conocer e investigar el clima caliente,  el atlántico y el pacífico colombianos, asombrarse con el  mar, asistir al espectáculo de las ballenas jorobadas y los clubes de astronomía de Bogotá pudieron   realizar prácticas en los observatorios astronómicos de la Tatacoa en el Huila, el Cabo de la Vela en la Guajira  y luego en la ciudad de Santiago de Chile. Estas expediciones fueron posibles por el liderazgo del profesor Abel para vincular al sector privado al desarrollo del programa. Los maestros y maestras desarrollaron también un compromiso muy fuerte con el programa Escuela-Ciudad –Escuela, pues se convirtió en un escenario para rescatar el saber pedagógico, sus experiencias, la producción de nuevo conocimiento y la ampliación de su horizonte cultural.

Más oportunidades educativas en tiempo extraescolar

Con este proyecto se atendió otro asunto clave en el desarrollo integral y humano de los estudiantes como es el uso del tiempo extraescolar, el uso del tiempo libre, la soledad y abandono de los niños, niñas y jóvenes cuando no asisten al colegio.  Los niños quedan expuestos a la soledad de sus hogares y los adolescentes al transcurrir improductivo de los tiempos sin ocupación creadora. Esta situación ocasiona un alto riesgo para niños y jóvenes, y es fuente permanente de conflictos de orden familiar y barrial”. (Plan Sectorial de Educación 2004-2008. Bogotá una gran escuela

En éste proyecto se obtuvieron entre otros los siguientes resultados: a) Vincular a los jóvenes bachilleres, como monitores, promocionado así el espíritu de servicio y solidaridad, b) Realización de convenios con entidades que ofrecían servicios y oportunidades de aprendizaje en el campo del arte, los oficios, los deportes, la recreación, idiomas, ciencia, la tecnología y la gestión empresarial, c) creación de clubes de astronomía; escuelas deportivas en fútbol, fútbol de salón, baloncesto, natación y karate entre otros, d) Escuelas de manualidades y oficios y e) los  clubes de cine al colegio y d) Estrategias de  intensificación del aprendizaje en  matemáticas,  ciencias y en inglés los días sábado.  

La administración del alcalde Luis Eduardo Garzón y Abel Rodríguez garantizaron los recursos económicos para la realización del programa entre 2004 y 2008 con una inversión aproximada de $17.000 millones, sin contar la altísima contribución e inversión realizada por entidades y convenios de cooperación con el sector privado.

La ciudad como escenario educativo desarrolló un tejido social, unas tramas de significados donde educadores y estudiantes se preguntaron sobre ¿Cómo se relaciona la ciudad con la escuela? ¿Cuál es su concepto de ciudad?, ¿Cómo la representan? ¿Cuál es la ciudad soñada y cuál es la ciudad que viven? Así se le apostó a una perspectiva educativa que busca vincular la escuela con la ciudad y cuya máxima formulación ha sido la propuesta de Ciudad Educadora.

La participación infantil, juvenil y el desarrollo de una nueva ciudadanía, es otro de los grandes aportes del programa Escuela-ciudad-escuela. La construcción de una cultura de la participación se ve reflejada en la capacidad de los niños, niñas y jóvenes para expresar sus intereses y demandas de aprendizaje, de comunicarle a los profesores (as) sus deseos y gustos por conocer y visitar ciertos escenarios de la ciudad, ellos y ellas han hecho uso responsable del espacio público y privado, han puesto en juego lo individual y lo colectivo antes y durante las expediciones escolares. Los estudiantes de la mano de los maestros han entendido que la construcción de la participación y el ejercicio de la ciudadanía no solamente se produce en el contexto escolar, sino en esos ámbitos no formales e informales que se convierten en espacios donde se vive y se aprende, se ejerce la ciudadanía desde los derechos y las responsabilidades y se realizan prácticas significantes desde la participación en la construcción de la ciudad. 

El legado educativo, político y esencialmente humano que nos ha dejado el profesor Abel Rodríguez Céspedes se recoge en las palabras que él escribió para la presentación del Navegador Pedagógico de Bogotá “Al recorrer la ciudad y aprender de ella, la niñez y la juventud ejercen de manera viva y práctica el derecho que tienen al disfrute y uso de la ciudad como patrimonio cultural y público.  Es la ocasión para aprender a quererla, valorarla, cuidarla, a vivir en paz y en armonía con ella…Las expediciones pedagógicas por la ciudad ya no son una simple actividad recreativa o lúdica. Son una fuente de aprendizaje y conocimiento que complementan lo que se enseña y aprende en el aula. La visita a un museo o a una empresa de servicio público es motivo de estudio en las clases y contribuyen a una mejor comprensión de las distintas áreas del conocimiento. Sin embargo, para que los niños, niñas y jóvenes puedan transitar por la ciudad y aprendan de ella, ha sido necesario que la ciudad les abra sus puertas brindándoles protección, ofreciéndoles sus espacios de conocimiento, tolerándolos y acostumbrándose a sus gritos y risas sin discriminaciones odiosas.  Recorrer la ciudad preguntando y aprendiendo de ella abre la posibilidad de transformar la rutina escolar y convertirla en un viaje   permanente que contribuye a una educación más dinámica, más activa, más pertinente para maestros y estudiantes”

El programa Escuela-ciudad-escuela realizó una valiosa contribución a la consolidación de un ideario pedagógico centrado en la transformación pedagógica de la escuela y la enseñanza. Es, sin duda, uno de los programas más agradecidos y recordados por maestros, maestras, estudiantes y comunidad. De igual manera convirtió el derecho a la ciudad en un hecho tangible y en una manera viva de construir la democracia

[1] El ciclo operativo del programa Escuela-ciudad-escuela, “lo constituyeron aproximadamente 21 procesos principales, ejecutados por 6 agentes, a saber. Subdirección de Mejoramiento Educativo de la SED, Oferentes de expediciones, Compensar, Equipos Pedagógicos de los CADEL, los colegios oficiales de Bogotá y las empresas de transporte” Evaluación Ejecutiva del Programa Escuela-ciudad-escuela. Francisco Pérez Calle. Investigador Asociado de FEDESARROLLO. Bogotá, febrero del 2007.