La salud y el bienestar en el corazón de la escuela post-pandemia
Introducción
Cuando un estudiante goza de buena salud y bienestar, permanece más en la escuela y tiene mejor desempeño académico. Así mismo, cuando un estudiante recibe educación de calidad e inclusiva, trascendiendo el enfoque tradicional de competencias básicas, está mejor posicionado para tomar mejores decisiones sobre su salud y su vida (Durlak, Weissberg, Dymnicki, et al. 2011; Weare, K. 2015).
La evidencia científica muestra que la promoción de la salud en las escuelas favorece la adopción de comportamientos saludables, el desarrollo de habilidades socioemocionales y un mejor desempeño académico (LEE y Escalando Salud y Bienestar, 2021). Sin embargo, a pesar de que se han hecho avances importantes en la materia, la promoción de la salud aún está lejos de ser la norma en las escuelas en Colombia y, en consecuencia, millones de estudiantes siguen estudiando en escuelas que no son los entornos protectores, saludables y seguros que tienen el potencial de ser para generar oportunidades para todos (Escalando, 2020).
No obstante, ante la coyuntura actual, en la que miles de instituciones educativas llevan cerradas para su operación presencial por más de 15 meses, y más de 230 mil estudiantes abandonaron sus estudios en 2020 (Semana Educación, 2021), creo que estamos en el momento indicado para que el sector educativo ponga la salud y el bienestar en el centro de la transformación de la escuela, para que realmente cumpla su misión de generar oportunidades de progreso y prosperidad para las personas y el país.
¿Por qué se necesita otro enfoque?
La salud y el bienestar escolar se han venido posicionado como un elemento esencial para la garantía de los derechos de niñas, niños y adolescentes, con el potencial de impactar positivamente en la vida de millones a la vez. La evidencia científica ha mostrado que cuando las escuelas implementan programas de promoción de la salud, los estudiantes adoptan comportamientos saludables y habilidades socioemocionales, disminuyen comportamientos poco saludables y riesgosos, y mejoran su desempeño académico. (Durlak, Weissberg, Dymnicki, et al. 2011) Adicionalmente, se ha encontrado que los colegios colombianos con mejores condiciones y prácticas de salud y bienestar tienen mejor desempeño académico, según las pruebas Saber 11 (Laboratorio de Economía de la Educación LEE y Escalando Salud y Bienestar, 2021).
Colombia ha realizado esfuerzos para que las escuelas se conviertan en entornos promotores de la salud[1], pero estos esfuerzos distan de ser efectivos para lograr que en todos los colegios del país, o al menos en su mayoría, se trabaje de manera sistemática por el bienestar de la población escolar. Esto se debe, entre otros factores, a la carencia de planes concretos, con recursos y voluntad, para la implementación de las estrategias, a que no existen datos públicos, estandarizados y frecuentes para medir el progreso, y a que la mayoría de los esfuerzos de intervención y monitoreo se concentren en el nivel individual, más que en el poblacional que permite orientar la toma de decisiones en política pública. Este panorama se vuelve más crítico en un ambiente de alta inequidad, en el que las escuelas oficiales y rurales tienen menor acceso a este tipo de iniciativas (Escalando Salud y Bienestar, 2020).
El Estudio que hicimos en Escalando Salud y Bienestar (2020), fue el primero en el país que indagó sobre las condiciones y prácticas de las instituciones colombianas de educación preescolar, básica y media para la promoción de la salud y el bienestar. En este estudio participaron 915 instituciones educativas de 263 municipios (70% oficiales y 35% rurales), y se encontró que el nivel de cumplimiento de los más altos estándares de salud y bienestar escolar (medidas a partir del Índice Welbin) era de 48%, y que el desempeño varía entre los colegios según su sector y zona de ubicación: los colegios privados tuvieron un cumplimiento de 68%, casi 30 puntos por encima de los oficiales; los colegios urbanos tuvieron un cumplimiento de 54%, 17 puntos por encima de los rurales. Estas diferencias, además, fueron evidentes en todas las dimensiones evaluadas por el Estudio. Ver Gráfica 1.
Esta situación es problemática porque, como se ha visto durante la pandemia, el cumplimiento de unas condiciones y prácticas básicas son necesarias para que las escuelas operen de manera presencial.
Gráfica 1. Índice Welbin: cumplimiento de estándares de salud y bienestar escolar
Fuente: Base de datos Índice Welbin, 2020.
En el marco de la pandemia por Covid-19 se han generado retrocesos históricos y catastróficos para el sector educativo. Se han documentado efectos sobre el aprendizaje, la cobertura escolar, la nutrición y la salud mental, entre otros. Por ejemplo, se estima que más de 8 millones de estudiantes llevan más de 14 meses sin asistir presencialmente a las escuelas (Fundación Empresarios por la Educación, 2021) y que al menos 230 mil estudiantes abandonaron sus estudios durante el 2020. Esta situación ha afectado de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. Sobre este punto, UNICEF LACRO estima que 7 de cada 10 niñas y niños con discapacidad no asisten a la escuela. (Unicef, 2019)
El cierre de las escuelas ha tenido efectos que sobrepasan los mencionados sobre cobertura y aprendizaje, llegando a afectar el bienestar de las comunidades educativas desde los niveles familiares e individuales. Muchos de los programas complementarios para el desarrollo y el bienestar de la niñez han sido interrumpidos en el contexto de la emergencia sanitaria, como la asistencia nutricional, la asistencia psicológica, la prevención, detección y atención a violencias, el fomento de la convivencia y el desarrollo de habilidades socioemocionales. Al respecto, UNICEF y otras agencias han advertido aumentos en la violencia contra niñas, niños y adolescentes, tanto en el hogar como en los entornos comunitarios. (Cepal y Unicef, 2020)
Colombia ha respondido de manera ágil y acertada a algunos de estos retos, con estrategias como la adaptación del Programa de Alimentación Escolar para que se entreguen los paquetes de asistencia nutricional en las casas y el acompañamiento para la educación a distancia. Adicionalmente, el país ha diseñado lineamientos y protocolos para la reapertura escolar, y ha logrado que el 41% de las instituciones educativas y el 33% de las sedes educativas se encuentren en alternancia. No obstante, este avance representa que sólo el 17% de los estudiantes matriculados en el 2021 se encuentren en algún modelo de alternancia, y que 58% de los departamentos del país tenga un avance en alternancia inferior al promedio del país (Fundación Empresarios por la Educación, 2021).
Este panorama poco alentador para la niñez colombiana nos obliga a repensar la forma en que trabajamos para garantizar sus derechos, especialmente desde la escuela, que funciona como un ecosistema articulador de servicios para la niñez y la adolescencia, con el potencial de garantizar el desarrollo integral y la creación de oportunidades. En mi opinión, si el país quiere avanzar de una manera más ágil y organizada para el reencuentro (presencial) en las escuelas, y quiere dar cumplimiento a su misión de proveer oportunidades reales de progreso, debe incorporar un enfoque de promoción de la salud y el bienestar escolar en su estrategia de reapertura y en, general, en su política educativa.
La propuesta
La propuesta es muy sencilla: hacer de todas las escuelas de Colombia ecosistemas escolares seguros, saludables y protectores. Creo que esto nos llevaría a un escenario en el que las escuelas:
- Puedan acoger a toda la población infantil y adolescente, especialmente a la que vive con discapacidad o que tiene necesidades diferentes, lo más pronto posible, para garantizar una educación incluyente y de calidad.
- Cuenten con la infraestructura y el ambiente psicosocial adecuado para proteger a su comunidad del Covid-19, de otros factores que generan enfermedad, discapacidad y muerte, e incluso de futuras pandemias.
- Puedan trabajar de manera articulada con otros actores comunitarios para promover y garantizar su protección y bienestar.
Este escenario parece lejano y difícil de alcanzar para todas las escuelas de Colombia, pero ya tenemos un camino avanzado y sólo es necesario reorganizarnos para lograrlo. Aquí un paso a paso de lo que se debería hacer para llegar a ese escenario deseado.
- Realizar un diagnóstico situacional para identificar las áreas de buen desempeño, áreas prioritarias, metas y actores clave. Esto es esencial para tener una línea de base que permita un monitoreo y seguimiento adecuado. Es esencial que cada escuela tenga un diagnóstico que le permita tomar decisiones basadas en la evidencia, y que cada territorio pueda tomar decisiones de política pública según las características de sus escuelas.
- Garantizar que cada escuela y territorio cuente con una política, estrategia o plan de salud y bienestar escolar, adaptado a su contexto y a las necesidades de la población más vulnerable, que incluya: visión, objetivos, estrategias, actividades, indicadores y responsables. Estas políticas pueden ser nuevas o adaptadas a los instrumentos de planeación con los que ya cuenta la escuela, como los planes escolares de gestión del riesgo, y deben abordar los entornos (físico y psicosocial), la educación para la salud, la articulación con los servicios de salud y nutrición, y las alianzas con otros actores comunitarios.
- Seleccionar estrategias de intervención e indicadores para crear un plan de implementación, según los diagnósticos situacionales.
- Usar indicadores estandarizados para monitorear el avance en las áreas prioritarias y reconocer las mejores prácticas, para incentivar mayores avances y fortalecer la confianza.
- Generar intercambios de experiencias significativas, garantizando la confidencialidad y la privacidad de la información.
[1] Tales como los Lineamientos Nacionales para la Aplicación y el Desarrollo de las Estrategias de Entornos Saludables: Escuela Saludable y Vivienda Saludable (2006), la Ley 1620 de 2013 sobre convivencia escolar y la Estrategia de entorno educativo saludable (2018).