El regreso a la palabra
El hecho escueto y desnudo es que un día los niños abandonaron la escuela, no por voluntad propia, sino por la fuerza de un poder extraño a ellos. Otro día, los niños recibieron la orden de regresar a la escuela, no por deseo propio, sino porque el mismo poder extraño, dio la orden. ¿Qué pasó en ésta experiencia? Que sin duda es muy parecida a otras, a la que les pasa a los niños cuando dejan de ser niños y se convierten en jóvenes o cuando creyendo que son hombres resulta que son mujeres. La experiencia de estudiar y vivir en la escuela, se interrumpe y los niños son obligados a vivir la experiencia de estudiar y vivir en un lugar de donde habían partido. Pensemos por un momento éste paso, esta nueva situación, éste corte. No hablar de lo que nos dicen los niños de la nueva situación, del cambio y del regreso. Hablar de qué significa, qué quiere decir, qué sentido tiene este hecho, qué nos está diciendo, cuando no quiere decirlo.
Lo que queremos decir es que empieza una época de una nueva higiene para otra educación del cuerpo, educación que requiere construir otra mente y un nuevo conocer. Lo vital se va a dar a conocer por las tecnologías, y lo vital es la vida y la muerte. Hasta ahora el estudiante de la escuela conocía lo más importante, por la escuela y su saber pedagógico, sobre todo conocía de la vida por sus maestros. Después de la pandemia las cosas van a estar ligadas a las tecnologías, no buscar al maestro para preguntarle: ir a internet como respuesta total. La escuela, para bien o mal, es la única institución a la cual el niño le cree para resolver asuntos de su estudio, de su vida futura, de la ciencia y del arte. La pandemia lo unió todo, es el mal que le llegó a la humanidad y la escuela se quedó sin palabras para decir algo sobre ese mal. Los que hablan del mal son los medios de comunicación y por su boca, las instituciones médicas y los centros y laboratorios. En el Cristianismo era la familia la que sabía del mal, en la modernidad fue la universidad. Ahora, son las tecnologías. Estamos en poder de quienes pueden resolver el mal, de su saber y de su conocer. El Estado fue desplazado, lo mismo que los medios, las universidades y escuelas. El centro del saber y la verdad se desplazó hacia el poder de las tecnologías médicas. En este contexto, el saber quiénes son los tienen el poder de resolver las cosas, nos hemos descubierto incapaces de pensar la pandemia, incapaces de proponer algo, incapaces de tomar medidas. La máxima resistencia y creatividad ha sido salir a la calle a impedir el cierre de lugares y a evitar la prolongación de la máscara como le dicen los franceses al tapaboca.
Hasta ahora el estudiante de la escuela conocía lo más importante, por la escuela y su saber pedagógico, sobre todo conocía de la vida por sus maestros. Después de la pandemia las cosas van a estar ligadas a las tecnologías, no buscar al maestro para preguntarle: ir a internet como respuesta total. La escuela, para bien o mal, es la única institución a la cual el niño le cree para resolver asuntos de su estudio, de su vida futura, de la ciencia y del arte
No obstante estas dificultades, a los maestros y a la escuela, les quedan espacios para proponer frente al mal. Porque proponer es pensar, hablar, decir, crear algo. No se puede rivalizar con el poder tecnológico, pero sí con lo que deja sin tocar: el poder sobre el lenguaje. Ese punto que la escuela y el maestro han luchado: llegar a las sensaciones, al ser de cada niño con la palabra y el medio de esta palabra es el diálogo, la conversación, el hablar entre amigos, entre maestro y alumno. La debilidad de la tecnología es lo virtual, no puede imaginar en tiempo real, el pasado o el futuro, tiene que ubicarse en cada tiempo para poder hablar del tiempo, si se sitúa en el futuro, habla del futuro, si en el pasado del pasado, si en el presente, del presente. El diálogo entre maestro y alumno es virtual, pasa por el tiempo, por el interior, por las sensaciones, por los afectos.
Lo que vamos a ver en los próximos meses es el regreso de los niños a la escuela, que como lo hemos dicho no es a la escuela que conocemos sino la nueva escuela a reconocer. ¿Cómo va a ser esta escuela? ¿cómo será escuela del futuro? miremos sus protocolos. Los niños han de regresar a la escuela. Están por regresar a ver a sus maestros y a sus amigos. Lo que esperan es que sean acogidos por ellos y que puedan conversar de eso qué pasó y todavía pasa. Conversar quiere decir, hablar con el otro y ese hablar con otro es lo que hace posible hablar consigo mismo. El conversar con los niños es la máxima consigna de la pedagogía, lo vemos desde Platón, con Rousseau y Montessori. Los niños esperan que hablen con ellos, que sean preguntados y que sean explicados. He aquí que en todos los países se ha dispuesto lo que habría que hacer el día que regresen a la escuela: habitar la burbuja de la nueva normalidad. Llegar a la escuela con el nuevo vestido que se ha inventado: la máscara que nos dice que somos otros.
Para llegar a la escuela, largas filas de revisión médica, aunque van a ser peores las largas filas para salir de ella. A lado y lado de la fila, el aparato médico, el tecnológico y el de vigilancia. Una vez dentro de la escuela más seguridad, revisión y control. Bueno, sí, es necesaria esta disposición, aunque no deja de cambiar el sentido que ha tenido la escuela desde siempre: lugar de apego, protección y cuidados. Insistimos y conversar, por qué no pensar en una disposición pedagógica lingüística sobre la pandemia y la experiencia que han tenido los niños y los jóvenes. Controles, cuidados y revisiones, muy bien y disposición para hablar y escuchar, para averiguar qué sentido ha tenido y tiene vivir esta experiencia, que es muy diferente según quién la enuncie y cómo. No olvidemos que la pandemia como experiencia es sobre todo mediática, sabemos de ella lo que sabemos por los medios: televisión, periódicos, opinión pública, internet, redes sociales. Se puede apostar que muy pocos niños y jóvenes han tenido acceso a una explicación sobre la pandemia que no provenga de los medios. ¿No es la escuela el lugar preciso para explicar la experiencia de la pandemia? ¿cómo explicarle a un niño la pandemia si su escuela se convirtió en una burbuja? ¿cómo saber su experiencia personal de lo que significa el COVID, si su palabra está mediada por las redes y los medios? Estas preguntas apuntan a un problema más urgente cual es saber del niño lo que como niño ha visto y sentido de la pandemia y no saber de la pandemia sin pasar por la experiencia del niño. Mil veces nos han dicho y lo sabemos que los problemas hay que hablarlos y si el problema es la pandemia del COVI ¿por qué no hablar con los niños de ese problema? Esta nueva situación nos plantearía no un nuevo lenguaje, una nueva normalidad sobre la palabra, sino mantener la misma escuela que conversa con los niños y el mismo maestro que lo es porque es el que puede hablar con los niños de lo que ellos no pueden hablar con sus padres.
El regreso a la escuela si ha de pasar por la burbuja-escuela también lo debe hacer por la apertura a la palabra, al lenguaje, al diálogo. Prepararse para hablar. La escuela es el lugar del habla, de la palabra, del lenguaje, es el espacio para hablar y conversar, no es un espacio médico o técnico, es el lugar del lenguaje.
El regreso a la escuela si ha de pasar por la burbuja-escuela también lo debe hacer por la apertura a la palabra, al lenguaje, al diálogo. Prepararse para hablar. ¿Cómo así que hay que prepararse para hablar? La escuela es el lugar del habla, de la palabra, del lenguaje, es el espacio para hablar y conversar, no es un espacio médico o técnico, es el lugar del lenguaje.
La escuela y nosotros, los maestros, queremos hacerte esta pregunta, antes y mucho antes de que regreses a la escuela: qué cambió cuando te alejaron de la escuela y te confinaron en tu casa. Crees que eres otro, o el mismo, crees que se cambió la escuela, cambió el aprender, el enseñar. ¿Tú cambiaste? ¿Háblanos de tus cambios, si se produjeron, háblanos de ti, nos interesa tu vida? Ahora que regresas a la escuela ¿crees que eres otro, el mismo, ¿cómo te ves, ¿cómo podrías hablar de ti mismo? Ven hablemos mientras regresas. Hablemos, no paremos de hablar, habla todo lo que quieras, la escuela quiere que hables, que digas tus verdades propias, no lo que piensan tus familiares, nos interesa lo que tu piensas.
Ya estamos en el salón de clases. “Niños, yo soy el maestro de antes y el de ahora. Lo que me interesa no es volver a la clase que teníamos, no se trata de retomar el tema, el objeto de la clase, no voy a hacer un resumen y hacer de cuenta que no pasó nada, que se fueron y volvieron. Lo que voy a hacer es hablar con todos ustedes. Bueno hablemos, digamos todo lo que hay que decir. No me digan, a mí, dice el maestro, hablen entre todos ustedes, hablen como si hablaran consigo mismos. Conversemos, dialoguemos, que habrá tiempo para estudiar los contenidos de las materias, lo que no hay tiempo es para hablar de la experiencia de cada uno, no hablen como si estuvieran en una red social, hablen como si estuvieran solos, hablando solos con ustedes, hablen de lo que experimentaron, cuenten todo, hablen que los escuchamos”.