Carta a un maestro imprescindible
Tu vida fue un testimonio de lo que Freire llamó una enseñanza dialógica. Tenías en abundancia algunas de las virtudes de los grandes maestros: eras un extraordinario conversador, sabías escuchar y generar reflexiones, preguntas y contextos para que emergiera la creatividad colectiva.
Querido Abel:
Tu muerte nos tomó por sorpresa a todos. No tuvimos el tiempo necesario para procesar tu partida, por lo que fue más dolorosa y triste. Queda la satisfacción de haber tenido el placer de conocerte, compartir tanto tiempo, trabajar y construir a tu lado. Todos te seguíamos viendo tan juvenil, que era difícil imaginar que en poco tiempo ya no estarías con nosotros. Tu partida tocó las fibras más sensibles de cientos de miles de maestros en el país. Todos te queríamos. Era fácil, te hacías querer.
Tu vida fue un testimonio de lo que Freire llamó una enseñanza dialógica. Tenías en abundancia algunas de las virtudes de los grandes maestros: eras un extraordinario conversador, sabías escuchar y generar reflexiones, preguntas y contextos para que emergiera la creatividad colectiva. No transmitías, sino que brindabas las herramientas y las ideas para hacer posible una construcción conjunta, una emergencia como la llamaría Francisco Varela. Eras flexible, soñador y empático. Fuiste, como lo denominó Bertolt Brecht, uno de los seres imprescindibles, aquellos que luchan toda la vida. Como maestro de escuela, como líder sindical, viceministro o secretario de educación, siempre fuiste fiel a ti mismo y nunca te vendiste por un plato de lentejas. Fuiste el testimonio de una vida comprometida con las más nobles causas: la educación, la paz, la democracia para todos y en beneficio, muy especialmente, de los menores y de los olvidados de siempre.
Poseías un liderazgo pocas veces visto y siempre mantenías viva la pasión. Contagiabas afectivamente a quienes nos acercábamos para pedirte un consejo, conversar o construir conjuntamente. No hay duda, durante mucho tiempo serás uno de los grandes símbolos de los maestros en Colombia. Muchos aprendimos a tu lado. Me considero uno de tus alumnos, amigos y compañeros de viaje. Duramos cerca de una década intentando impulsar, con el apoyo de algunos amigos conjuntos como Jaime Niño (QEPD) o Julio Alandete, entre otros, un renacer del Movimiento pedagógico. Soñábamos con que fuera más amplio y diverso que el que había existido décadas atrás, por eso lo llamamos Movimiento Pedagógico y Social por una educación de calidad. Dimos múltiples conferencias juntos, participamos en decenas de paneles y nos reunimos muchas veces, desde 2010, con directivos de FECODE, maestros y maestras en diversas regiones del país.
Habíamos diseñado una estrategia para transformar la educación en diversas regiones del país. En Bogotá ya teníamos totalmente listas las condiciones para iniciar un programa a cuatro años para cualificar la lectura, el desarrollo del pensamiento y las competencias ciudadanas de los niños, los jóvenes y los profes. Partiste días antes de la primera sesión. La idea era que los dos dirigiríamos de manera conjunta el programa y ante tu partida, tuve que asumirlo con un equipo de docentes del Merani y con algunos de tus mejores amigos de toda la vida: Hernán, Ángel y Nancy . Recuerdo que nos reunimos una docena de veces con Edna Bonilla y su equipo, pero debes saber que tuvimos que continuar el proceso sin poder contar con tu infinita sabiduría, liderazgo y afecto. Ya llevamos más de un año trabajando con los docentes de 42 colegios de Bogotá para transformar el área de lenguaje en una de competencias comunicativas y empoderar a los maestros para realizar ajustes profundos al currículo, a la institución, al trabajo en equipo y a sus prácticas docentes. Si tú siguieras vivo hoy estaríamos brindando, bailando y celebrando el renacer del movimiento pedagógico en Colombia. Por eso, en tu memoria, brindo por eso. Sin ti nunca hubiéramos llegado a donde hemos llegado.
El próximo año convertiremos el desarrollo del pensamiento en una de las tareas esenciales de la educación y en 2023 haremos lo mismo con las competencias ciudadanas. Aunque podría pensarse que son solo 42 colegios, en realidad es un gran logro si tenemos en cuenta lo empoderados que están los maestros en la tarea de transformar la educación. ¡Sí se podía! Pero nos hacen falta tus palabras, tus consejos, tus reflexiones y tu voz. Fue invaluable lo que aprendimos a tu lado durante tus últimos quince años de vida, pensando, soñando y construyendo de manera conjunta. Cuando fuiste secretario de educación, hablabas de expediciones pedagógicas, equipos de calidad, maestros que forman maestros, formación in situ, ciclos y campos del pensamiento. Tuve la fortuna de acompañarte en ese momento en la reestructuración curricular por ciclos en todos los colegios públicos de Suba. Hoy hablamos de transformación pedagógica, ciclos del desarrollo, interestructuración, Pedagogía Dialogante y de cambios curriculares que conviertan las escuelas en verdaderos espacios para favorecer el pensamiento, la comunicación y la convivencia sana y pacífica. Estamos continuando tu trabajo como Secretario de educación. El proyecto lleva tu nombre y debo decirte que ya no es un proyecto sino un niño con vida propia, creciendo y construyendo educación, derechos, paz y democracia. Ya casi es un adolescente que está buscando amigos en otras regiones, para darle vida nacional al renacer del movimiento pedagógico en el país. Desde hace dos meses todos los miércoles nos reunimos con los 6.000 maestros del departamento del Magdalena. La transformación pedagógica cada vez va más en serio.
Tu singular historia personal te permitió comprender los problemas educativos desde múltiples perspectivas, algo muy poco común en nuestro medio, esto enriqueció tu profundidad y favoreció la pluralidad de tu mirada y el pensamiento crítico que siempre te acompañó
En enero de 2015 me pediste que escribiera el prólogo a tu libro sobre la Ley General de Educación. El día que lo lanzamos te dije que era texto esencial para comprender tu legado, y por eso hoy recomiendo su lectura: “20 años de la Ley General de Educación. Resultados y posibilidades”. Como presidente de FECODE habías ayudado a convertir el magisterio en verdadero impulsor de la transformación pedagógica en el país. Una revolución gestada en las aulas, una transformación de “abajo hacia arriba”, como se hacen las verdaderas transformaciones sociales y culturales y como muy seguramente serán las más importantes revoluciones en el siglo XXI. En los años ochenta y noventa estuvimos ante una innovación en la que los verdaderos protagonistas fuimos los docentes y que fue bautizada con un bello y original nombre: el Movimiento pedagógico en Colombia. Ese movimiento dio origen a lo que asertivamente denominaste en tu libro “el acontecimiento más importante de la educación colombiana durante la segunda mitad del siglo pasado”: la Ley General de Educación de 1994. Sin duda ha sido el mayor acuerdo entre las diversas fuerzas políticas y sindicales en la historia del país.
La Ley General plasma el derecho a la educación y, como sabemos muchos, garantizar ese derecho es condición para ampliar la democracia en cualquier país del mundo. Tú, en calidad de presidente de la Federación de Educadores, habías lanzado la propuesta en el XII Congreso de FECODE celebrado en Bucaramanga en agosto de 1982. Los historiadores bautizaron ese momento como el inicio de una nueva etapa en la historia de la educación y la lucha política en Colombia. Tienen toda la razón porque a partir de ese momento, los maestros, a la par con la lucha gremial, nos sentamos a pensar cómo construir proyectos pedagógicos alternativos. Tu presidencia en la Federación de educadores en el país pasó a la historia por la puerta grande. Desafortunadamente luego vinieron otros tiempos y el movimiento pedagógico perdió fuerza, sentido y rumbo, al tiempo que FECODE terminó abandonando sus reflexiones sobre cómo transformar el currículo, la formación de docentes, el sistema de evaluación de los estudiantes o cómo convertir a los rectores en verdaderos líderes pedagógicos. De esos temas, hace mucho que no se volvió a hablar en el sindicato. Paradójicamente, fue FECODE la que ayudó a construir el mayor consenso en la historia de la educación en Colombia en 1994. Sin embargo, a partir de ese momento abandonó las grandes preguntas pedagógicas.
La Ley General de 1994 es hija de la Constitución de 1991. Eso tú lo destacabas. Ella volvió sagrado el derecho a estudiar. Unos años atrás, cuando fuiste miembro de la Asamblea Constituyente, ayudaste a inscribir ese derecho en la propia Constitución Nacional. En la Ley se alcanzaba el respaldo político que requieren los derechos, pero, y esto es lo más original de tu singular historia, tuviste la posibilidad de implementarlo en calidad de viceministro de educación, gerente del Plan Decenal y secretario de educación en la capital. Dicho de otra manera, para los que te conocen un poco menos, tú participaste en las movilizaciones a favor del derecho a la educación, también para incluirlo en la Constitución, para convertirlo en ley de la República y cuando se implementó en el país y en Bogotá. Por eso, cuando los maestros dicen que fuiste un luchador por el derecho a la educación, es posible que se queden cortos en sus palabras.
Lo que hoy quisiera insistir es que tu singular historia personal te permitió comprender los problemas educativos desde múltiples perspectivas, algo muy poco común en nuestro medio, esto enriqueció tu profundidad y favoreció la pluralidad de tu mirada y el pensamiento crítico que siempre te acompañó. Cuando fuiste invitado a trabajar, primero como viceministro de Jaime Niño durante el gobierno de Ernesto Samper, y después como secretario de educación de Lucho Garzón, no olvidaste tus orígenes, pues nunca traicionaste tus causas. En todos los espacios y momentos defendiste el derecho a la educación, la dignidad del docente y la necesidad de garantizar una educación de muy alta calidad para todos. Tú sabías que, si no lográbamos eso, Colombia nunca sería una democracia, porque los hijos de los pobres nunca podrían superar la pobreza.
Sin una educación pública robusta y de calidad, no será posible favorecer la movilidad social en el país. Todavía no la tenemos y por eso seguimos siendo un país en extremo inequitativo e injusto. Siguen siendo muchísimos los excluidos de la fiesta del desarrollo humano. En esa senda también nos encontramos y por eso recorrimos el país luchando contra los intentos de privatizar la educación universitaria, aunque el pomposo nombre que le puso el gobierno de Juan Manuel Santos disimulaba sus malévolas intenciones. Ambos lo sabíamos. El gobierno habló de Ser Pilo Paga y no de un proceso de traslado de 4 billones de pesos de recursos públicos hacia las más importantes universidades privadas del país. Trabajamos conjuntamente en debates en diversos medios de comunicación, para que las universidades privadas no les quitaran los menguados recursos a las universidades públicas. Ese extremo acto de injusticia llevado a cabo por la ministra Gina Parodi, indignó a los jóvenes y luchar contra eso nos acercó a los dos. Yo aprendí mucho a tu lado.
Fue un momento bello y mágico cuando miles y miles de jóvenes en las calles lograron algo casi impensable: que la ministra de educación y el presidente de la República se sentaran con los líderes estudiantiles para construir conjuntamente una política en defensa de la educación pública. Muchas veces lo comentamos. Falta todavía mucho, de eso también hablamos; pero las gigantescas y pacíficas movilizaciones de 2018, se hicieron en la dirección correcta y se logró echar para atrás el programa que había prendido la chispa y la indignación de los jóvenes. Al defender una educación pública robusta y de calidad, se fortalece la democracia. Eso siempre lo supiste y, en sentido estricto, a eso dedicaste tu vida: a batallar por una educación que nos ayudara a consolidar la democracia en el país. Tú sabías que faltaba mucho y por eso seguías trabajando para seguir moviendo el límite de lo posible.
Si no existe educación pública de calidad, las personas terminan por depender exclusivamente de la cuna en la que nacieron. Si así fuera, los hijos de las personas que provienen de hogares pobres, necesariamente vivirían en la pobreza. Eso no es justo, no es ético y es muy poco digno para los olvidados de siempre. Por eso, como sociedad, tenemos que impedirlo. Lo que ambos sabemos es que la llave maestra de la movilidad social tiene nombre y apellido: educación pública robusta y de calidad.
El Movimiento Pedagógico liderado por FECODE, la Constitución de 1991, la Ley 115 de 1994 y las movilizaciones estudiantiles en defensa de la educación pública, han consolidado el derecho a la educación en Colombia. En todos los momentos que acabo de mencionar estuviste en la primera línea. Es más, cuando fuiste secretario de educación en Bogotá, impulsaste la mayor construcción de colegios en la historia del país y, para que el derecho no fuera una palabra vacía, como tantas veces lo hemos visto en Colombia, estableciste por primera vez la gratuidad y garantizaste la alimentación y el transporte para los niños y las niñas. Tiempo después, el país siguió tus pasos, pero la historia dirá que tú fuiste el primero en hacerlo. Eso es algo que hay que reconocer con profunda admiración.
Tú sabías que la tarea había quedado inconclusa, seguía haciendo falta una transformación pedagógica que garantizara la educación de calidad que les debíamos a los niños, las niñas y los jóvenes de nuestro país. Eso fue lo que me pediste que explicara en el prólogo a tu obra sobre la Ley General. A esa nueva movilización y a la construcción de la paz, dedicaste tu última década.
Hoy te quiero decir que cuando un niño pise un salón en Colombia, será tarea de los docentes enseñarles a los estudiantes que esos derechos no han llegado solos y que otros los han garantizado dando largas y comprometidas batallas. Uno de estos valerosos combatientes, de los más importantes y trascendentes, se llamaba Abel Rodríguez Céspedes.
Todos quienes te conocimos también te recordaremos como un amante del tango, de la buena música y del buen whisky. Amabas las tertulias profundas, el arte de conversar, viajar y los debates pausados; al tiempo que un gran maestro, todos sabemos que fuiste un gran ser humano, dedicado también a Cecilia, tus hijos, tus nietos y tus amigos. Donde estés, ojalá puedas bailar, gozar y reír. A eso también vinimos al mundo. Siempre lo hemos sabido.
Abelito: nos harás mucha falta como amigo, como demócrata y como líder social. Por eso tenemos que agradecerte y queremos decirte, que continuaremos tu legado. Gracias por el camino recorrido y por el sendero trazado. Siempre te recordaremos como un verdadero maestro en la lucha por los derechos y por la transformación de la educación. A las nuevas generaciones les contaremos que tú fuiste un maestro imprescindible, es decir, de aquellos que luchan toda su vida.
Con el afecto de toda una vida
Julián