Ernesto Durán Strauch
Profesor de Pediatría y coordinador del Observatorio sobre Infancia Universidad Nacional de Colombia

Salud mental de los escolares en tiempos difíciles

Miradas a la educación

La pandemia de COVID-19 ha suscitado una enorme preocupación por la salud mental de toda una generación de niños, niñas y jóvenes, así como de sus progenitores y cuidadores. Pero puede que la pandemia haya servido solamente para mostrar la punta del iceberg de la salud mental, un iceberg que hemos pasado por alto durante demasiado tiempo”.[1]

Se ha despertado a nivel global, como se expresa en esta cita, una preocupación por la salud mental de todas las personas, pero particularmente de las nuevas generaciones. En este contexto la Secretaría de Educación del Distrito y la Universidad Nacional de Colombia firmaron, a finales del primer semestre de 2020, un convenio para fortalecer las condiciones de salud mental y el bienestar socioemocional de los integrantes de las comunidades educativas del Distrito.

En desarrollo de este convenio, y con el interés de conocer la situación de salud mental de las y los estudiantes, se realizó en los meses de julio y agosto de 2020 un estudio de caracterización de la salud mental y el bienestar socioemocional de los estudiantes de preescolar, básica y media de las IED, a través de encuestas virtuales a una muestra de estudiantes de todos los grados de instituciones educativas públicas de las 20 localidades de la ciudad.

Se presentan en este artículo algunos de los resultados más relevantes de este estudio, con la intención de que este nuevo interés por la salud mental esté sustentado en información sobre las condiciones de la misma en la población escolar. 

Se exploraron las siguientes categorías referentes a la salud mental: estados emocionales y sentimientos, vínculos afectivos, manifestaciones conductuales y físicas, comportamientos autolesivos, funciones cognitivas, procesos de duelo y presencia de enfermedades mentales.

Se analizaron 10.462 encuestas, 4806 realizadas a estudiantes de secundaria y media y 5656 realizadas a padres o acudientes de estudiantes de preescolar y básica primaria.

Respecto a los estados emocionales, se encontró que, aun en los momentos difíciles en que se aplicó la encuesta, predominaron las emociones positivas (tranquilidad, confianza en el futuro, alegría y motivación) frente a las emociones negativas (ansiedad, aburrimiento, enojo, tristeza, soledad angustia por el futuro, rabia y nerviosismo). Esto tiene dos caras: si bien evidencia que en la mayoría hay una percepción de bienestar, es preocupante que el 38% de los estudiantes de secundaria y media tuvieran la mayor parte del tiempo un sentimiento de angustia por el futuro, o que el 24% tuviera dificultades para controlar sus emociones, así como que el 18% de las y los padres o acudientes percibieran a sus hijos pequeños como enojados la mayor parte del tiempo (Ver gráficos 1 y 2)

Gráfico 1 Frecuencia de estados emocionales en estudiantes de preescolar y primaria

Gráfico 1 - Frecuencia de estados emocionales

 

Gráfico 2 Frecuencia de estados emocionales en estudiantes de secundaria y media

Gráfico 2 Frecuencia de estados emocionales en estudiantes de secundaria y media

Se indagó sobre afectaciones en las funciones cognitivas, encontrándose que el 46% de las y los estudiantes de secundaria y media y el 21% de estudiantes de preescolar y primaria (según las respuestas de sus padres o acudientes), presentaban en ese momento dificultades de atención; el 34% de estudiantes de secundaria y media y el 14% de estudiantes de preescolar y primaria presentaban problemas de memoria y el 33% de estudiantes de secundaria y media y el 10% de estudiantes de preescolar y primaria presentaban problemas de memoria (ver gráficos 3 y 4)

Gráfico 3 Afectación en funciones cognitivas en estudiantes de preescolar y primaria

Gráfico 3 Afectación en funciones cognitivas en estudiantes de preescolar y primaria

Gráfico 4 Afectación en funciones cognitivas en estudiantes de secundaria y media

Gráfico 4 Afectación en funciones cognitivas en estudiantes de secundaria y media

Sobre afectaciones en los patrones de sueño, se encontró que el 56% de estudiantes de secundaria y media y el 35% de estudiantes de preescolar y primaria tenían problemas para quedarse dormidos; el 53% de estudiantes de secundaria y media y el 15% de estudiantes de preescolar y primaria dormían muchas horas; un 28% de estudiantes de secundaria y media y un 5,3% de estudiantes de preescolar y primaria dormían muy poco y el 16% de estudiantes de secundaria y media y el 8% de estudiantes de preescolar y primaria presentaba pesadillas frecuentes. Estos cambios en los patrones normales de sueño son importantes porque se consideran un reflejo de las vivencias tenidas durante el día, así como un efecto de la ansiedad y/o de la tristeza o depresión vividas (Gráficos 5 y 6).

Gráfico 5 Frecuencia de patrones de sueño alterados en estudiantes de preescolar y primaria 

Gráfico 5 Frecuencia de patrones de sueño alterados en estudiantes de preescolar y primaria

Gráfico 6 Frecuencia de patrones del sueño alterados en estudiantes de secundaria y media
 

Gráfico 6 Frecuencia de patrones del sueño alterados en estudiantes de secundaria y media

Respecto a los comportamientos alimentarios se encontró que si bien la mayoría de estudiantes tenían unos patrones adecuados de alimentación que se habían mantenido durante la pandemia, el 40% de los estudiantes de preescolar y primaria tenían la tendencia comer mucho, mientras que el 11% tenían poco apetito, siendo los más pequeños los que más presentan poco apetito y los más grandes los que más presentaban tendencia a comer mucho. Entre los estudiantes de secundaria y media el 60% referían haber tenido más hambre, y el 46% referían haber disminuido el apetito (Gráficos 7 y 8).

Gráfico 7 Frecuencia de cambios en los comportamientos alimentarios en estudiantes de preescolar y primaria

Gráfico 7 Frecuencia de cambios en los comportamientos alimentarios en estudiantes de preescolar y primaria

Gráfico 8 Frecuencia de cambios en los comportamientos alimentarios en estudiantes de secundaria y media

Gráfico 8 Frecuencia de cambios en los comportamientos alimentarios en estudiantes de secundaria y media

Se encontró una frecuencia promedio de 1,31% de conductas autolesivas en estudiantes de preescolar y primaria, porcentaje que fue aumentando con la edad; mientas que en estudiantes de secundaria y media los porcentajes fueron bastante mayores y muy preocupantes: 1 de cada 8 estudiantes contestó que había pensado o tenido deseos de hacerse daño, 1 de cada 15 contestó que había intentado hacerse daño lastimándose físicamente y 1 de cada 34 contestó que había hecho cosas para quitarse la vida (Gráfico 9). Es de anotar que la frecuencia de conductas autolesivas e intentos de suicidio fue significativamente mayor en mujeres que en hombres, así como en estudiantes con orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad.

Gráfico 9 Conducta suicida en estudiantes de secundaria y media

Gráfico 9 Conducta suicida en estudiantes de secundaria y media

Un hecho que afecta significativamente la salud mental de niños, niñas y adolescentes es vivir situaciones de violencia, por eso se indagó sobre este aspecto, encontrando que (según las respuestas de padres y acudientes) la frecuencia de haber sufrido agresión o violencia era del 1,5% de las niñas y niños y la de haber sufrido abuso sexual era del del 1,3%. Entre los estudiantes de secundaria y media, el 15% habían sufrido humillaciones, insultos y amenazas, el 3,3% refirieron haber padecido acoso por Internet, el 2,5% habían sufrido agresiones o violencia y el 0,45% contestaron haber sufrido abuso o violencia sexual. Es de anotar que la frecuencia de haber vivido las distintas situaciones de violencia tuvo una diferencia significativamente mayor en estudiantes desplazados, estudiantes en condición de discapacidad y estudiantes de orientación sexual no heterosexual.

A la pregunta sobre si tenían algún diagnóstico previo de problemas de salud mental, se obtuvieron en total 217 respuestas positivas, lo que equivale a un porcentaje del 0,02%, muy bajo para lo que muestran las estadísticas nacionales e internacionales. Llama la atención que 105 de las 217 respuestas a la pregunta de cuál era ese diagnóstico, no correspondían a problemas de salud mental reconocidos, lo que indica que en cerca del 50% de quienes consideraban (ellos o sus padres) que tenían un problema de salud mental, no conocían un diagnóstico claro y lo que referían era una diversidad de síntomas. Estos hallazgos reflejan una inquietante situación, respecto a la adecuada y oportuna intervención ante las afectaciones de salud mental que sufren estos estudiantes, dadas las limitaciones que existen en nuestro sistema de salud para acceder a estos servicios y los prejuicios existentes en nuestra comunidad para consultar por problemas de salud mental o para asistir a consultas con profesionales de la salud mental.

Los diagnósticos de problemas de salud mental referidos son similares a los que informa la literatura médica, siendo la depresión y la ansiedad los dos principales problemas encontrados. Problemas estos que son prevenibles con acciones tanto de la familia, como de la sociedad y dentro de ella, de la escuela como institución, acciones donde los adultos acompañantes jugamos un rol esencial de ser modelos para ellos y ellas, si sabemos acompañarlos, apoyarlos y entenderlos.

El análisis diferencial de los resultados obtenidos nos muestra en general una mayor frecuencia de afectaciones en su salud mental en las estudiantes mujeres y en las y los adolescentes, así como en la población desplazada, en estudiantes en condición de discapacidad y en estudiantes con orientación sexual no heterosexual. Esto evidencia que hay una afectación diferencial de estos problemas que exige también un abordaje diferencial en su prevención, diagnóstico oportuno y atención adecuada.

Podemos concluir que, si bien la mayoría de población estudiantil presenta una buena salud mental, con un predominio de emociones positivas y con capacidad para enfrentar con resiliencia coyunturas difíciles como las que hemos vivido, hay un porcentaje importante de las y los estudiantes que presenta afectaciones en su salud mental y emocional, existiendo situaciones preocupantes que parecen no ser visibles para la comunidad educativa, ni para .la sociedad en general.

Estos problemas se han agravado en la pandemia, pero no son nuevos, la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015[2], mostró que el 44,7 % de la población infantil de 7 a 11 años presentaba por lo menos un síntoma que requería que se le prestara atención a su salud mental y que 4,7% presentaba problemas de salud mental; porcentaje este último que es similar en las y los adolescentes, en quienes era además relevante la presencia de ideación suicida (6,6%) y de intento de suicido (2,5%).

Esta situación increpa a la sociedad, a los gobernantes, a la familia, a la escuela y a todas las instituciones que de alguna manera tienen un rol en el cuidado las nuevas generaciones y nos invita a reflexionar sobre lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer para proteger la salud mental de niños, niñas y adolescentes.

Son reconocidos los factores protectores de la salud mental en los más jóvenes, los cuales incluyen el desarrollo de competencias emocionales, sociales, cognitivas y morales, así como el desarrollo de autoestima y autonomía y de capacidades para tomar decisiones, enfrentar los problemas y dificultades que se presentan en la vida cotidiana y resolver conflictos.

En la promoción de estos factores juegan un rol central la familia y la escuela, una escuela donde los niños se sientan acogidos, protegidos, aceptados, comprendidos, donde se aprenda sobre la identificación y manejo de las emociones, donde se promueva la empatía, el genuino interés en el cuidado de sí mismo y de los otros y el respeto por las diferencias, donde se ejerza la democracia y se respeten los derechos humanos, donde se construyan fuertes vínculos sociales y se eduque para la solidaridad, el respeto por los demás, la compasión y el compañerismo.

Una escuela donde se reciba apoyo socioemocional en los momentos de crisis y se promueva la salud mental en las diferentes actividades, una escuela que acompañe, que proteja, que contenga, que evite los peligros, que participe activamente en la prevención y la reparación de las injusticias, las exclusiones, las discriminaciones, una escuela que cultive el diálogo, la negociación, los acuerdos, donde se aprenda a cuidarse y a ser cuidadores.

Hay que preguntarse entonces si la escuela que tenemos responde a estas necesidades de ser ambientes protectores, comunidades del cuidado de la salud mental de cada uno de sus integrantes y qué cambios se necesitan para llegar a cumplir adecuadamente este papel.

“Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía” decía Einstein, quien invitaba a ver las crisis como oportunidades, donde aflora lo mejor de cada uno. Las crisis nos retan a hacer profundas trasformaciones, tanto personales, como sociales e institucionales.

Como lo han dicho Francesco Tonucci y otros educadores, no podemos volver a la misma escuela, la nueva normalidad requiere de una nueva escuela, una escuela que contribuya a una sociedad más justa y a una comunidad educativa más saludable.

[1] UNICEF. Estado mundial de la infancia 2021. (201). En mi mente. Promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia. Resumen ejecutivo. Nueva York: UNICEF.

[2] Minsalud-Colciencias. Encuesta Nacional de Salud Mental.2015. Bogotá: Minsalud.