Margarita Vargas
Profesional de la Dirección de Participación y Relaciones Interinstitucionales
Lia Valeria Lian
Profesional de la Dirección de Participación y Relaciones Interinstitucionales
Julio César Amórtegui
Profesional de la Dirección de Participación y Relaciones Interinstitucionales
Karen Garcés
Profesional de la Dirección de Participación y Relaciones Interinstitucionales

Las familias y su nuevo rol en los aprendizajes de los estudiantes

Miradas a la educación

Las familias recibieron con gran fuerza los efectos de la crisis sanitaria, política, económica y social derivada de la Covid-19, pues de un momento a otro asumieron, además del acostumbrado cuidado y apoyo a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes en casa, el acompañamiento y la orientación para el desarrollo de sus actividades escolares, sumado a las responsabilidades laborales en presencialidad o virtualidad. Fue así que las labores del hogar se multiplicaron y redistribuyeron, teniendo que realizarlas al tiempo con los compromisos como estudiantes y trabajadores.

Los espacios también se transformaron. Cada rincón del hogar se adaptó para recibir clases, así como para organizar el lugar de trabajo de las personas adultas. Cada casa se convirtió en un lugar público, evidenciando tanto la desigualdad económica y social de las familias, como develando tensiones y conflictos intrafamiliares que antes permanecían invisibles ante los círculos más cercanos y lejanos de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Sin buscar minimizar los impactos negativos que la pandemia ha dejado y que seguirá dejando, también se reconoce que el aislamiento físico en casa se convirtió en un escenario de oportunidad para compartir más tiempo en familia, fortalecer las relaciones entre todos sus integrantes y resignificar tanto los espacios cotidianos como las corresponsabilidades de pertenecer a un hogar, permitiendo replantear algunas dinámicas o, cuando menos, mirar nuevas perspectivas de vida dentro de nuestra cotidianidad.

La COVID-19 como oportunidad para fortalecer los lazos familiares

En el año 2020, en aras de identificar las afectaciones producidas por la pandemia en las comunidades educativas y ver las perspectivas de regreso a la presencialidad en las instituciones educativas, la Secretaría de Educación del Distrito lideró el Estudio de caracterización del impacto de la pandemia de Covid-19 y las medidas tomadas para su contención en la salud mental y el bienestar socioemocional de los estudiantes de colegios públicos de Bogotá, en alianza con la Universidad Nacional de Colombia, y la consulta La comunidad educativa participa y decide en la Reapertura Gradual, Progresiva y Segura R-GPS.

Ambos estudios mostraron, a través de las voces de las familias, los cambios producidos sobre las emociones y sentimientos de las niñas, niños y jóvenes y sobre sus dinámicas en casa durante la pandemia, así como contribuyeron en la consolidación de una línea base para planificar la reapertura del sistema educativo. Estos trabajos concuerdan, a grandes líneas, en los efectos nocivos del aislamiento sobre las diferentes dimensiones de la vida cotidiana de la comunidad educativa y sobre problemáticas ya conocidas que evolucionaron en su grado de afectación. Sin embargo, los cambios socioemocionales y las prácticas que se identifican en ambos documentos también tienen perspectivas interesantes para analizar.

Es claro que la pandemia ha abierto una ventana de oportunidad para hacer visible el papel fundamental que tienen las familias y la comunidad en el acompañamiento a la salud mental y socioemocional de las y los estudiantes consolidando redes de apoyo para la pervivencia académica y, por supuesto, su bienestar, haciéndolas parte de la agenda distrital.

Por ejemplo, dentro del estudio de caracterización, en el apartado: Vínculos afectivos significativos durante el confinamiento, el 92% de los estudiantes de grados preescolares y primarios, de acuerdo con los acudientes consultados, mencionan que disfrutaron mucho el tiempo familiar. Aunque con números menores, el 64.5% de los jóvenes que cursan básica secundaria y media afirman haber disfrutado del tiempo en familia, mientras que los que afirman lo contrario alcanzan un acumulado del 8.1% (Secretaría de Educación Distrital y Universidad Nacional de Colombia, 2020, pág. 45). Asimismo, las y los estudiantes, y en general las comunidades educativas, han resaltado varios avances con relación con las dinámicas individuales y familiares durante el aislamiento.

El porcentaje de estudiantes de primaria y preescolar, según afirman las personas a su cargo, no presentan signos físicos de malestar durante la pandemia, como sudoración, palpitaciones, respiración agitada, vacío en el estómago, sensación de irrealidad u opresión en el pecho, alcanzando el 88.5%; mientras los que indicaron siempre sentirlas no superó el 0.5% (SED-UN, 2020, pág. 27). En estudiantes que cursan básica secundaria y media, los porcentajes frente a las mismas sensaciones corporales son del 71.6%, quienes indicaron nunca haber sentido ninguna; mientras que el 1.3% mencionó sentirlas todo el tiempo (SED-UN, 2020, pág. 27).

Mediante la consulta: La comunidad educativa participa y decide en la R-GPS, se encontró que el 77% de las y los estudiantes consultados por la SED afirman haber tenido apoyo y acompañamiento en su proceso escolar en casa (Secretaría de Educación Distrital, 2020, pág. 16), mencionan igualmente que se han propiciado relaciones de solidaridad dentro y fuera de la familia y en el círculo social extendido. Si se miran los datos sobre el papel de las relaciones familiares y con los círculos sociales, se puede afirmar que el rol de los cercanos y lejanos en la amortiguación de los impactos físico-emocionales de la pandemia en las niñas, niños y jóvenes han sido relevantes para evitar un crecimiento de malestar y vulneración.

Las y los docentes orientadores y profesores (as) consultados para la R-GPS indican que “muchos adolescentes y jóvenes han visto como bueno el tiempo de aislamiento toda vez que les ha permitido tener más espacio para compartir en familia y llevar a cabo actividades de mayor reconocimiento mutuo” (SED, 2020, pág. 23). Este mismo documento señala que el 69% de los encuestados afirma nunca haber tenido conflictos dentro del hogar durante las etapas de aislamiento, y el 48% señala siempre haber podido compartir con la familia y conocerlos mejor (SED, 2020, pág. 23). El estudio también encontró que el 92% de las madres, padres y personas cuidadoras están de acuerdo con la premisa de haber logrado más cercanía al proceso educativo de sus hijas e hijos. Este mismo porcentaje de personas encuestadas también está de acuerdo con que, en el tiempo de aislamiento, las hijas y/o hijos fomentaron el cambio de algún hábito dentro del hogar (SED, 2020, pág. 28). Loa anterior resalta el poder de adaptación y la capacidad de cambio que tienen las familias, actuando en momentos de necesidad para apalancar el bienestar de niños, niñas, adolescentes y jóvenes sobre todo en relación con su proceso educativo.

Sin embargo, factores como el transporte, la infraestructura e instalaciones educativas, la cobertura en salud, los programas de apoyo socioemocional y alimenticio, se blanden como pros y contras para quienes ven un alivio o una presión adicional en sus cargas actuales. Algunas familias afirman que con la pandemia no han tenido que pagar un pasaje adicional, que se confortan con la certeza de salud y seguridad dentro de su hogar, que han recibido apoyo para acceder a bienes por bonos u otros estímulos, o que han encontrado consuelo en saberse respaldados por sus familiares o conocidos. Es diciente que cerca del 75% de las familias encuestadas no esté dispuesta a regresar a la presencialidad y se formulen los factores antes nombrados como razones para su decisión (SED, 2020, pág. 18). También es relevante que entre las familias que sí quieren regresar a la presencialidad, se enuncien situaciones contrarias a las descritas arriba, como falta de un ambiente familiar amable, incertidumbre de salud, de alimento, de provisión, de acceso a herramientas o servicios.

Es claro que la pandemia ha abierto una ventana de oportunidad para hacer visible el papel fundamental que tienen las familias y la comunidad en el acompañamiento a la salud mental y socioemocional de las y los estudiantes consolidando redes de apoyo para la pervivencia académica y, por supuesto, su bienestar, haciéndolas parte de la agenda distrital. Una de las recomendaciones de dichos resultados se enfoca en “seguir trabajando desde el sector educativo con niños, niñas, adolescentes y jóvenes y sus familias en la identificación y la gestión de emociones, así como que la educación socioemocional sea parte de las actividades escolares en todos los niveles” (SED-UN, 2020, pág. 77).

El enfoque de capacidades fortalece las relaciones intrafamiliares

La Secretaría de Educación del Distrito consciente de la necesidad de posicionar una educación integral cuyos ejes son la formación del saber y del ser simultáneamente sin ninguna jerarquía entre sí y en estrecha relación de interdependencia, centra sus esfuerzos en desarrollar y fortalecer las capacidades ciudadanas y socioemocionales comprendidas como lo que es capaz de hacer y ser una persona o un colectivo para transformar su realidad y las condiciones que tiene para lograrlo (Nussbaum, 2012), así como de permitir valorar el bienestar, la libertad y la calidad de vida de una persona o región; sirviendo de herramienta para el diseño y valoración de políticas públicas (Sen, 2000).

Este fortalecimiento de capacidades ciudadanas y socioemocionales se desarrolla con el Programa Integral de Educación Socioemocional, Ciudadana y Escuelas como Territorios de Paz construido desde la Subsecretaría de Integración Interinstitucional y específicamente la Dirección de Participación y Relaciones Interinstitucionales, cuyo objetivo es promover el empoderamiento y la movilización de la comunidad educativa, transformando las relaciones de poder y posicionando el perdón, la reconciliación y la restauración como principios de la convivencia escolar, buscando así transformar realidades del contexto escolar. Una de las estrategias del programa integral es el Fortalecimiento Familiar que busca potenciar la relación escuela-familias-comunidad desde la consolidación de redes de aprendizaje que promuevan las escuelas como territorios de paz (SED, 2021).

¿Para qué desarrollar la estrategia de fortalecimiento familiar?

La formación integral del ser es un proceso que implica el fortalecimiento capacidades socioemocionales, cognitivas, comunicativas y ciudadanas, entre otras (Nussbaum, 2012) por lo que involucra diversos ámbitos como la escuela, el hogar, la calle y los medios de comunicación. Tratar de involucrarles en emitir el mismo mensaje es fundamental para lograr un proceso de transformación hacia la construcción de paz que tanto requerimos. Fortalecer las capacidades socioemocionales y ciudadanas de los adultos que están a cargo de las niñas, niños y jóvenes es garantizar la creación de ambientes seguros y de bienestar en los que se insista en el respeto a la dignidad humana, la práctica de los derechos humanos y el ejercicio de la democracia. La tarea de la escuela y la familia es contribuir al desarrollo de todas aquellas capacidades (cognitivas, comunicativas, socioemocionales y ciudadanas) que faciliten a las niñas, niños, jóvenes y adultos herramientas con las cuales construir relaciones respetuosas, incluyentes, justas y equitativas.

¿Cómo se hará?

Para lograr el empoderamiento de las familias se desarrollan dos actividades centrales, la primera denominada: Redes de Aprendizaje y Práctica, implementada a nivel local y la segunda: Escuelas del Cuidado Familiar; a nivel institucional, asimismo, se abrirán espacios donde se promuevan diálogos e intercambios de saberes, gestión del conocimiento y sistematización de experiencias que facilitará la valoración integral y continua de los aprendizajes y los desafíos para la transformación de realidades.

¿Qué se hará?

Se vienen impulsando redes de aprendizaje y práctica como espacios de diálogo a nivel local que promuevan la participación de las familias y actores de la comunidad educativa, a partir del respeto de las ideas, la promoción de relaciones horizontales, el desarrollo de un trabajo comunitario, el fortalecimiento de las relaciones en clave de justicia restaurativa y la promoción de derechos.

Estos diálogos generan reflexiones que reconocen las historias de vida, entrelazan intereses temáticos y promueven un trabajo colaborativo que propicia alternativas de gestión a los conflictos cotidianos.

En conclusión, el rol de las familias en este nuevo proceso de aprendizaje es de acompañamiento directo, escucha activa de las necesidades de las niñas, los niños y los jóvenes, la construcción de acuerdos frente a las diferentes situaciones que se presenten y sobre todo el fortalecimiento de las capacidades socioemocionales que permitan un desarrollo social adecuado, basado en el respeto al otro, respeto a las diferencias y sobre todo el respeto por los diferentes puntos de vista, generando espacios de diálogo que permitan el desarrollo de capacidades para el siglo XXI y sobre todo que se fomenten el respeto por la vida, y la paz sea un derecho inalienable para todos las personas, sus familias y sus comunidades. Este proceso le permitirá a la familia el manejo afectivo de las situaciones de conflicto presentadas en los contextos intrafamiliares (SED,2021).

Entendiendo el rol fundamental que cumplen las familias en los procesos de educación de las comunidades, se convoca a fortalecer las capacidades socioemocionales y ciudadanas desde el núcleo familiar que permitan afrontar los retos de convivir con una pandemia en el marco de la nueva realidad.

 

Referencias bibliográficas

Nussbaum, M. (2012). Crear capacidades: propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Paidós.

Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta.

Secretaría de Educación del Distrito. (2021). Programa Integral de educación socioemocional, ciudadana y escuelas como territorios de paz. Bogotá.

Secretaría de Educación del Distrito. (2020). Análisis de los resultados del proceso de consulta: La comunidad educativa participa y decide en la reapertura gradual, progresiva y segura. Bogotá: SED.

Secretaría de Educación del Distrito y Universidad Nacional de Colombia. (2020). Estudio de caracterización del impacto de la pandemia de COVID-19, las medidas tomadas para su contención en la salud mental y el bienestar socioemocional de los estudiantes de colegios públicos de Bogotá. Bogotá: SED.