Abel Rodríguez y su lucha por la educación
El liderazgo del profe Abel en todos los ámbitos de la lucha por la educación lo llevó a jugar un papel decisivo en el desarrollo de los dos marcos normativos más importantes de la educación colombiana en las últimas décadas: la Constitución de 1991 y la Ley 115 o Ley General de Educación
Muchos de quienes conocían a Abel Rodríguez lo llamaban el “profe Abel” o el “maestro de maestros”. Y ambos títulos eran merecidos pues Abel no sólo fue un gran educador, sino que además dedicó toda su vida a luchar por que la educación en Colombia no fuera un privilegio para algunos, o una promesa política puramente retórica, sino que fuera un derecho que el Estado garantizara efectivamente, en todas sus dimensiones, a todas las personas.
Esta lucha es fundamental, pues el derecho a la educación es tan central en una democracia que, según algunas visiones, tiene al menos tres dimensiones: i) el derecho de acceso o derecho a la educación, que implica la obligación del Estado de asegurar a todas y todos, en igualdad de condiciones, el acceso y permanencia a una educación de calidad; ii) los derechos en la educación, que implican que los procesos educativos no deben ser autoritarios sino respetuosos de la libertad y dignidad humanas, tanto de los estudiantes como de los docentes; y iii) los derechos a través de la educación, que se relacionan con la función instrumental que también debe tener la educación, que es su capacidad de expandir las oportunidades vitales a todas las personas, tanto para el desarrollo autónomo de sus proyectos de vida como para fortalecer su papel como ciudadanos. Y es que sin una educación de calidad accesible a todos y todas es muy difícil, por no decir imposible, superar las desigualdades sociales y que florezcan las virtudes ciudadanas que son necesarias para tener una democracia robusta y deliberante.
Abel Rodríguez, quien nos fue arrebatado tempranamente por esta terrible pandemia, tenía todo esto muy claro, como lo mostró en varios de sus escritos, como por ejemplo en su libro de 2002, La educación después de la Constitución del 91.De la reforma a la contrarreforma, en el cual explícitamente señala un reto que teníamos como sociedad en ese momento y que seguimos teniendo hoy: el “desafío, cada vez más vigente, de convertir la educación en el eje de las transformaciones culturales, sociales y económicas que el país necesita llevar a cabo para superar las condiciones de guerra, violencia, pobreza, desigualdad social, atraso económico y exclusión política que nos agobian”. Por ello el profe Abel luchó toda su vida por la materialización de todas estas dimensiones del derecho a la educación. Y se opuso a quienes invocan retóricamente el derecho a la educación y proponen ideas seductoras, como una “revolución educativa”, como lo hizo Álvaro Uribe en su campaña presidencial de 2002, pero que luego no materializan ese propósito en sus planes concretos de gobierno, por ejemplo, porque se niegan a contar con la experiencia de los maestros. Y como decía agudamente Abel en su artículo de 2003 “Un análisis de la revolución educativa”, que es una crítica demoledora del plan de desarrollo del gobierno Uribe en esta materia, “Sin maestros no cabe ni siquiera hablar de revolución educativa. Una revolución educativa sin maestros es como una revolución científica sin científicos”.
Frente a ese uso puramente retórico del derecho a la educación, Abel Rodríguez tuvo otra actitud: buscó realizaciones concretas porque era un hacedor. Así, como secretario de Educación de Bogotá, Abel logró que la educación primaria en los colegios públicos fuera realmente gratuita, que es un mandato que está en la Constitución, en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los tratados de derechos humanos ratificados por Colombia, pero que había sido sistemáticamente incumplido. Gracias a ese ejemplo de Bogotá, que ha sido seguido por otras ciudades, y a decisiones de la Corte Constitucional, como la sentencia C-376 de 2010, que confirmaron la obligatoriedad de la gratuidad en la educación primaria pública defendida por el profe Abel, Colombia ha avanzado en eliminar ciertas barreras económicas que impedían un acceso universal a la educación básica. Hoy incluso estamos logrando la gratuidad también en el bachillerato.
Sin embargo, el profe Abel tenía claro que el acceso a la educación no era suficiente, sino que debían garantizarse también los derechos en la educación, pues ésta debe ser de calidad y respetar la dignidad y libertad de los estudiantes y de los docentes, no sólo para asegurar la permanencia de los estudiantes en las instituciones educativas, que es tan importante como el acceso mismo, sino además para que la educación sea un instrumento de libertad y profundización democrática y no de adoctrinamiento autoritario. Las condiciones materiales para la docencia tenían entonces que ser idóneas y por ello, como secretario de Educación en Bogotá, logró igualmente que los niños y niñas contaran con alimentación adecuada en las instituciones escolares, pues es prácticamente imposible aprender con hambre. Y defendió igualmente que las instalaciones educativas publicas fueran dignas, por lo cual emprendió un programa ambicioso de construcción y mejoramiento de la infraestructura de los colegios públicos distritales.
La garantía de los derechos en la educación implicaba también una lucha por la dignificación de la profesión docente, que fue una de las tareas en que se comprometió como líder sindical. Llegó a ser presidente de Fecode y participó decisivamente en la conquista de logros trascendentales para los educadores, como la aprobación del Estatuto Docente.
Igualmente se preocupó por materializar los derechos a través de la educación, por lo cual luchó no sólo porque ésta fuera relevante para el estudiante, sino que además sirviera como instrumento para reducir las desigualdades, potenciar un desarrollo económico incluyente, conquistar la paz y fortalecer la democracia. Esto significaba que los docentes debían asumir compromisos, más allá de ser buenos profesores. Una evidencia de esa visión amplia de la función de los docentes y del movimiento sindical en este ámbito fue su participación decisiva en la puesta en marcha del llamado Movimiento Pedagógico Nacional, que permitió una importante proyección cultural y social del magisterio en la vida nacional.
Este liderazgo del profe Abel en todos los ámbitos de la lucha por la educación lo llevó a jugar un papel decisivo en el desarrollo de los dos marcos normativos más importantes de la educación colombiana en las últimas décadas: la Constitución de 1991 y la Ley 115 o Ley General de Educación
Fue constituyente y contribuyó a que la Constitución no sólo incorporara la educación como derecho fundamental, con todas las implicaciones que esto tiene, sino que también previera instrumentos para materializar este derecho en todos sus niveles y dimensiones, como el papel del Estado en su regulación, inspección y vigilancia y el establecimiento de mecanismos de financiación para la educación a través de las transferencias (CP arts. 66 a 68 y 356 y ss.). En un artículo de 1993 sobre “Educación y Constitución”, el profe Abel resalta la importancia de esta constitucionalización de la educación como derecho fundamental pues abre “nuevas posibilidades de expansión y cualificación a la educación y deberá contribuir en el futuro mediato al desarrollo humano, social y cultural del país”. Y destacaba igualmente la importancia de que la Constitución no sólo garantice el acceso a la educación, sino que también reconozca los derechos en la educación, al consagrar explícitamente las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra, así como la autonomía universitaria (CP arts. 27 y 69). Esto tiene para Abel implicaciones específicas no menores: “la libertad de enseñanza no podrá seguirse considerando como libertad de empresa, sino como un derecho inherente al ejercicio de la actividad educativa. En consecuencia, como tal deberá ser regulada”.
Infortunadamente esos avances constitucionales no se han logrado materializar sino muy parcialmente debido a diversos factores que el profe Abel señala en su ya mencionado libro de 2002 La educación después de la Constitución del 91.De la reforma a la contrarreforma, como la falta de compromiso real con la educación de las fuerzas políticas que han dominado el Congreso y el Ejecutivo, que lleva a ese desfase entre un discurso teórico a favor de la educación y el comportamiento práctico de esas fuerzas al tomar decisiones legislativas y de gobierno, como lo mostró el profe Abel en su análisis de la supuesta “revolución educativa” del gobierno Uribe.
La lucha por materializar el derecho a la educación, que lideró Abel, sigue entonces vigente. Y es una lucha y compromiso que mantuvo toda su vida, desde muy joven y hasta su muerte, como lo muestra un bello video que circula en redes sociales y en el que, en plena pandemia y poco antes de contagiarse del coronavirus que nos lo arrebataría, invita a todos los docentes a mantener “su misión social, ética y pedagógica”. En sus palabras, en tiempos en que el temor y la desesperanza cunden”, es aún más indispensable que los maestros estén al lado de los estudiantes orientándolos, escuchándolos y enseñándoles cosas y valores”.
Tuve la oportunidad de conocer personalmente al profe Abel pues no sólo soy colega, sino que tengo una larga amistad y colaboración académica con uno de sus hijos, el profe Andrés, quien es uno de los docentes más queridos y respetados de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Una vez Andrés me pidió que le ayudara a su padre cuando era secretario de Educación con una discusión constitucional sobre algunos terrenos en que iban a ser construidos algunos de los nuevos colegios públicos en Bogotá. El tema tenía grandes complejidades jurídicas y por ello a veces los abogados nos enredábamos en disquisiciones técnico-jurídicas. En ese momento Abel nos aterrizaba con una bella expresión: “está muy bien que discutan esas sutilezas jurídicas, pero no se olviden de mis niños y niñas que necesitan instalaciones tan buenas como las de los colegios privados. Eso es lo importante”. Y su llamado tenía no sólo un profundo sentido humano sino también gran relevancia jurídica, pues así nos recordaba el principio constitucional de prevalencia de los derechos de los niños, que precisamente nos sirvió para resolver los líos jurídicos de esos colegios.
Esas palabras de Abel muestran sus profundas cualidades humanas y su compromiso con la educación y la democracia. Por eso hará tanta falta